sábado, 18 de octubre de 2008

Guerra de chapas

Derivando sobre un título tomado a Pergaud, voy a proceder a disertar sobre tan noble arte. Una actividad en extinción, de la que probablemente he sido el último experto mundial (y casi que el único) y debería ser apoyada con subvenciones y no esas actividades rústicas de vascos y catalanes.
Bien, en vuestra juventud todos habreis conocido distintos juegos infantiles relacionados con las chapas. El más popular quiza era el de la Vuelta Ciclista. El problema de tal juego es que te lo pasabas mejor creando la pista por la que luego rodarían tus chapas que jugando: si eran pocos jugadores, porque si el nivel no era parejo no había emoción y si eran muchos, ¿qué demonios haces tras tirar mientras doce chavales tiran sus chapas hasta que te vuelva a tocar? ¿mirar sus "evoluciones en la pista"? !que divertido! Este era un juego que ya desde pequeños nos separaba en dos grupos, según lo practicases o no, e indicaba por parte de los frecuentes a esta actividad, una cierta preocupación por encajar en el entorno social y poca imaginación. Los hombres de verdad necesitábamos ser (únicos) protagonistas de nuestros juegos y dominar a las masas (aunque fueran chapas).
Bien, dicho esto, para jugar a la Guerra de chapas, se necesitaban chapas, una cantidad ingente de ellas, hasta aquí todos de acuerdo.Primero estaba el problema de conseguirlas, nada mas fácil que ir a la bodega del barrio y preguntarle al dueño que si te podía dar una bolsa con chapas. Frecuentemente, el dueño encantado de la vida de soltarte una bolsa con lo que para el era basura y para uno era "el material con el que se hacen los sueños" citando a Shakespeare via Hamlet.
Con las chapas en la bolsa, llegábamos a nuestra habitación (esta es la variante indoor del juego, si hace buen tiempo podríamos practicar la variante outdoor, esto es, en la puta rue) y desplegábamos su contenido por el suelo o la colcha de la cama.Los preparativos consistían en separar las chapas en dos grupos, mas o menos, iguales (no hace falta contarlas). Para en medio de la trifulca poder diferenciarlas, pasábamos a marcar una cruz con rotulador (de cualquier color) en el interior, a uno de los dos grupos.
Una vez hecho esto, elegíamos el contexto apropiado para que se desarrollase la batalla. Normalmente, solía combatir contra orcos de Mordor o moros invasores de la península ibérica, que vienen a ser lo mismo. Dependía este detalle del ultimo cómic o película que hubiese cautivado mis retinas. Un detalle importante, en el que se distinguía un general de ejércitos de chapas que quería mandar sus ejércitos hacia la gloria y no un simple advenedizo, era que si habíamos tenido la suerte de conseguir una chapa con revestimiento de corcho y papel de estaño (creo que venían con las botellas de leche de Lanjarón), que eran mas pesadas y por ello mejores para el combate (por algo que explicare mas adelante), asignarlas el rango de capitán general de nuestro ejercito.


La ambientación también era un capitulo importante en este juego. Desde elementos de atrezzo como Exin castillos o construcciones con Tente y Lego. Y luego, claro está, el motivo de nuestra cruenta batalla. No es lo mismo, pelear por liberar a la península del yugo islámico o por derrotar al señor oscuro, que por cualquier otro motivo. El efluvio a cerveza que solían desprender las chapas, desparramado por nuestra pequeña habitación y olfateado por nosotros mismos durante horas, solía ayudar bastante a la emoción del juego.

Ahora pasamos al mecanismo del propio juego, que consistía en ir chocando entre sí, dos chapas de ejércitos contrarios, hasta que una cayese dada la vuelta. Entonces estaba muerta. Así hasta el genocidio de uno de los dos ejércitos. Aquí no había rendición posible. Cada uno de los dos ejércitos debía tener un general, estas chapas, tenían dos vidas. Es decir, debían caer boca abajo dos veces consecutivas para fenecer.Para agilizar el juego, podríamos hacer uso de las salvas de cañón (las cuales, para que fuera un juego equilibrado, debían disponer del mismo numero de ellas, ambos ejércitos). Había dos variantes: de pelota de tenis o de garbanzos. En la primera variante, se lanzaba con toda nuestra mala leche una pelota de tenis (o varias, de una en una, eso sí) contra un grupo de chapas enemigas. Las que caían dadas la vuelta, habían perecido bajo el encarnizado fuego


En la segunda, que era más sutil y de jugador avezado, tenía en cuenta nuestra inteligencia al elegir el grupo de chapas (que digo chapas, !soldados enemigos sedientos de sangre española!) sobre el que "espolvoreábamos"por encima un puñado de garbanzos. Todas las chapas que en su interior tuvieran un garbanzo, perecían.
También, podríamos crear todo tipo de obstáculos. Recordar que este juego esta únicamente limitado por la imaginación del jugador.
En una ocasión, una gloriosa mañana de sábado en la que invadí la fortaleza del sultán Ahbud-El-Zahid y su ejército de saitanes rojos, hubo que cruzar un tramo caudaloso del río Ebro (la alfombra de la habitación) en chalupas (cintas de casette a las que metía dentro el mayor número de chapas) mientras hacían fuego (pelotas de tenis) sobre las cintas. Una vez cruzado el río, tenías que subir a la montaña donde estaba sita la fortaleza, cruzando un peligroso desfiladero (un tablón de madera) donde tenías que usar las habilidades adquiridas en el juego La vuelta ciclista, para no caer. E incluso una vez dentro, tenías que esquivar trampas de canicas que caían y vencer a la guardia personal del sultán (que tenían dos vidas cada uno). Una gesta heroica, que reivindico desde aquí.Lo malo era que debido al olor a bar purulento que dejaban, mi madre me las solía tirar cada pocas semanas. Aunque se recuperaban fácilmente, pero aun así dolía por alguna que otra chapa a la que habías tomado cariño por su destreza en el combate.
Y por ultimo, si no se tenían chapas, se podía echar mano a las fichas de esos puzzles que teníamos por casa. Eso si, se juega con la ficha invertida y si cae en dibujo, esta muerta. No al revés.Normalmente, las chapas de leche Lanjarón (las que tenían corcho y revestimiento circular de estaño en su interior y bla bla bla) eran difíciles de abatir ya una única vez, dado su peso y su forma más aerodinámica y al tener dos vidas, eran muy difíciles de derrotar. Para ser justos, si tenías dos, cada una debía ser el jefe del ejército contrario. Y solían acabar enfrentándose una con la otra. Pero tenia una chapa, del ejército de los buenos, una chapa de toda la vida de tercio de Mahou, que tenía una de sus puntas deformada. Eso no era nada infrecuente, cantidad de chapas, al ser mal sacadas de los vidrios, estaban imperfectas. Pero esa punta tenía el efecto, al chocar con otra chapa, de levantarla y normalmente voltearla. Era la chapa, cuerno de rinoceronte.En una batalla, derrotó no sólo a la chapa de Lanjarón que representaba el general enemigo, sino a 37 chapas enemigas (y el número subiría en el cómputo total de enemigos defenestrados), una tras otra, antes de vencer al jefe enemigo.
Y mi madre me la tiró en una de sus "limpiezas". A la hora de comer la espeté "Pues ahora no como los garbanzos, por tirarme mi chapa" me había tirado todas, nótese el detalle). Y ese día me di cuenta de que las mujeres no saben nada del cariño ni de los sentimientos que los hombres albergan en sus corazones.

Las chapas que hubiesen demostrado su valor en el combate, derribando a un buen número de enemigos antes de fenecer, podían aumentar su rango en próximas batallas, siendo rellenadas de plastilina, para aumentar su fortaleza y vigor en el combate. Eran las chapas Berseker, por que solían derribar a unos 10-12 enemigos, antes de ser derribadas.
Se me olvida hablar de los cuerpos de fusileros, cuya inclusión podía justificarse fácilmente sin anacronía alguna, si la batalla se desarrollaba en un contexto más moderno o simplemente imaginándonos que eran arqueros.Se les ponía a cada una de estas chapas un garbanzo en su interior, normalmente lo constituían unas veinte unidades (no mas, que no fuese que nuestras madres nos diesen un bofetón por dejarlas sin alubias para el almuerzo). El garbanzo se colocaba en el extremo mas alejado del enemigo y apretando con fuerza con el dedo en el extremo contrario, la chapa se inclinaba y lanzaba su peligroso proyectil. Si caía dentro de un enemigo, este había muerto. Normalmente, su uso se restringía a los primeros envites del combate, cuando el enemigo estaba en formación de "tos juntos". Para ser más efectivos, ya que intentar colar el garbanzo en una chapa aislada, era tarea harto difícil.

6 comentarios:

Il Cavaliere dijo...

Hola , vengo via melómanos. Sin quererlo se ha montado un poco de revuelo con las historia de los hermanos Holland y Dozier. Estoy un poco fuera de onda, si entras en mi blog lo entenderás. Tienes un blog fantástico, me paso.

Saludos.

Anónimo dijo...

"actividades rústicas de vascos y catalanes." ¿Y porqué solo estos dos? ¿Te has visto, tu? ¿Quien coño eres imbécil?

Travis Brickle dijo...

Un caballero español. Asi que si persiste esa asquerosa actitud no me quedara mas remedio que aplastarte.

Anónimo dijo...

Ahora entiendo lo de "!soldados enemigos sedientos de sangre española!". ¿También algo rústico, no?
Va, tienes un buen blog, y aprecio que te esfuerces con tus textos propios y no sablees el consabido allmusic u otras web. Te voy a continuar leyendo aunque no esté de acuerdo con muchas de tus opiniones musicales, ni políticas ni sociales ni...

Travis Brickle dijo...

Creo, solo creo, amigo independentista, que deberias tomarte con menos seriedad los comentarios en sorna de un articulo bastante coñero. Y de hecho, el que aqui suscribe es barcelones. Y algo payes.

Anónimo dijo...

OK, pero independentista yo nada de nada